El demonio de Detroit 2º Parte Consecuencias

14.09.2015 20:46

1ª Parte

 

“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” (1ª Juan 2:22-23).

 

Las Sagradas Escrituras enseñan que Jesucristo es el Hijo Unigénito del Padre Eterno, Dios manifestado en carne, Dios con nosotros.

 

“Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve... Yo soy Jehová, y ninguno hay más; no hay Dios fuera de mí.” (Isaías 43:11; 45:5). “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren...

 

 

Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”

(Juan 4:24; 17:3).

 

Las Sagradas Escrituras enseñan con prístina claridad que ningún ser humano puede pretender ser “perfecto” o “divino” sin haber hecho caso a la primera mentira jamás pronunciada en la tierra, la cual vino de Satanás, cuando el tentador dijo a la mujer:

 

“No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él (fruto prohibido) serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” (Génesis 3:4-5). Esta es la blasfemia por excelencia:

 

Aplicar la revelación de Éxodo 3:14 (“Yo Soy el que Soy”) al hombre, a la criatura, en lugar de al Creador, bendito por los siglos.

 

En segundo lugar, vamos a estudiar otro símbolo  importante. Se trata de la figura de la “serpiente”,  presente en el escudo de la “Casa de la Teosofía”, y que corresponde al símbolo de la “sabiduría”.

 

 

Tanto para los satanistas y otros ocultistas como para los masones. 

 

Libros donde aparece lo que decimos:

 

 

Steinmetz, George, “Freemasonry: Its Hidden Meaning”, Macoy Publishing and Masonic Supply Company, New York, USA, 1948, p. 63.

 

 Mackey, “The Symbolism of Freemasonry”, 1869, pp. 195, 219, 361. Dr. C. Burns, “Masonic and Occult Symbols Illustrated”, citando “Short Talk Bulletin”, “The Significant Numbers”, Septiembre de 1956, vol. 34, núm. 9, p. 5. También en Wes Cook, “Did you Know? Vignettes in Masonry”, en “Royal Arch Mason Magazine”, Missouri Lodge of Research, 1965, p. 34.

 

Símbolos ocultistas:

 

La serpiente extendida era para los antiguos egipcios símbolo de sabiduría divina. Cuando la representación era de la cola de la serpiente en su boca, era símbolo de eternidad.

 

Para muchos sectores del ocultismo, la lengua de la serpiente, separada del animal mediante el “martillo de Thor”, y rodeada por un círculo, simboliza la regeneración por medio de la conquista del sentido animal.

 

 La serpiente nos lleva directamente al mismo infierno, por cuanto el mismísimo Satanás está detrás de este símbolo de adoración.

 

 La serpiente y el dragón son también símbolos satánicos en el Apocalipsis del Nuevo Testamento: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” (Apocalipsis 12:9).

 

 Cirlot, “A Dictionary of Symbols”, pp. 296-288: “Las serpientes son guardianes de las fuentes de la vida y de la inmortalidad, y también de esas riquezas superiores del espíritu que son secretos de todos los producidos por la “Casa de la Teosofía”. 

 

Consecuencias del ocultismo:

 

Se trata de la obra titulada “La Doctrina Secreta”. Este fue el tratado sobre el cual desarrolló muchos de sus planes diabólicos Adolf Hitler, especialmente su proyecto de eliminación del pueblo hebreo, por el que condujo a más de seis millones de judíos a los campos de exterminio y a las cámaras de gas. 

 

 

En esta satánica obra, se manifiesta desvergonzadamente que existen tres clases de seres humanos:

 

Primeramente, los iluminados, llamados por el destino a constituir la jerarquía dirigente; en segundo lugar, las masas de hombres y mujeres comunes, dotados de inteligencia y de conocimiento espiritual ordinarios; y en tercer lugar los pueblos salvajes, ignorantes de todo verdadero conocimiento espiritual.

 

 Estos últimos son razas execrables que apenas pudieran considerarse seres humanos. Una buena parte de todas estas atrocidades aparecieron, cuando menos insinuadas, en el libro de Hitler titulado “Mein Kampf” (“Mi Lucha”).

 

Estos datos pueden servirnos de explicación respecto a la filosofía subyacente al Holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

 

El “cabo” Adolf Hitler inició su plan de exterminio de quienes consideraba pertenecientes a dichas razas execrables, tales como los judíos, los gitanos, los cíngaros, los enfermos mentales y crónicos, los tullidos, los objetores de conciencia, y todos sus enemigos políticos.

 

Como quiera que Hitler había asumido la creencia ocultista de la transmigración de las almas, a todos los individuos pertenecientes a dichas razas execrables, al igual que a sus opositores, los veía como subhombres infectados por el “karma” negativo de sus ínfimas existencias anteriores.

 

Esta filosofía luciferina le llevaría al exterminio de más de doce millones de personas pertenecientes, según él, al tercero de los grupos humanos.

 

 

Continuara...

Un mensaje difundido por el: Mº de la palabra

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